El club almeriense abrió sus puertas hace 3 años de la mano de dos leyendas del clubbing español como son Dubpaper y Sergio Linares cerró un tercer aniversario de aúpa

El pasado sábado, Palo Santo volvió a confirmarse como una de esas salas pequeñas que terminan pesando más de lo que dicen sus metros cuadrados. El club almeriense celebró su tercer aniversario con una maratón de doce horas de electrónica, recordando que en apenas tres años ha conseguido algo nada sencillo: darle a Almería un punto de encuentro real para el house y el techno, con una identidad propia, una comunidad fiel y una apuesta clara por el talento de casa. Muy cerca de la Catedral, Palo Santo ha pasado de ser una promesa a convertirse en uno de los nombres que mejor explican el crecimiento de la escena electrónica local.


Desde Wololo Sound pudimos vivir otra de las noches más memorables del club almeriense. Con una selección de los mejores DJs locales, Palo Santo hizo lo que mejor se le da, crear una atmosfera musical entre público y DJ que en pocos clubs puedes vivir. Con una acustica descabellada, un juego de luces sublime y unos artistas con un recorrido de aúpa, el club cerró un tercer aniversario para la história.

Y es que los comienzos no son nada fáciles, y más en Almería que es una ciudad muy difícil para las nuevas propuestas y con una escena electrónica casi nula hasta hace bien poco, Palo Santo irrumpio, salió adelante y ha creado una fan base de gente que acude cada fin de semana a bailar que pocos clubs pueden presumir de ello.

Aúnque para épico el cierre, con las leyendas Dubpaper, Sergio Rivas y Sergio Linares en B2B sorprendiendonos con una amalgama de estilos, la hora de más que se concedio por lo del adelanto de la hora fue pura euforia, pasión y sentimientos por una escena que crece y crece y es en parte gracias a Dubpaper y Sergio Linares por crear un concepto así, fue algo especial que cualquier persona amante de la electrónica habría disfrutado.


Hay clubes que nacen para programar música y otros que nacen para cubrir una carencia. Palo Santo pertenece más bien a la segunda categoría. Desde que abrió sus puertas en abril de 2023, el espacio impulsado por Dubpaper y Sergio Linares se planteó como una respuesta a una ciudad donde la electrónica tenía pasión y público, pero no siempre una infraestructura clara sobre la que apoyarse. En pleno centro de Almería, a pocos pasos de la Catedral, la sala empezó a levantar su discurso desde abajo: formato íntimo, sonido cuidado, estética industrial y una programación donde el house y el techno funcionasen no solo como banda sonora, sino como lugar de encuentro.

Con el tiempo, Palo Santo ha ido encontrando su sitio sin necesidad de grandilocuencia. Su fuerza no ha estado en el gigantismo, sino en la cercanía: un club de aforo reducido, muy volcado en la escena local, pero abierto también a artistas nacionales que han reforzado su credibilidad en cabina. Medios del sector destacan que por allí ya han pasado nombres como Anika Kunst, Ania Bruster, Carlos Agraz, David Ponziano, EdOne, Mike Gannu, No_ip o Nhitto, algo que explica bastante bien cómo una sala pequeña puede acabar teniendo peso real dentro de una ciudad.

Y quizá por eso su aniversario del sábado tuvo algo más que valor simbólico. No era solo una fiesta: era la imagen de un proyecto que cumple tres años después de haber conseguido consolidarse como uno de los focos más reconocibles del clubbing almeriense. La propia celebración se anunció como una jornada de doce horas de electrónica, casi como una manera de resumir lo que ha sido Palo Santo hasta ahora: resistencia, comunidad y fe absoluta en que también desde una sala pequeña se puede cambiar el pulso de una escena.



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